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Beachcomber – Islas Fiyi

Me recuerdo hace un año atrás, frente a la computadora donde trabajaba, mirando ese grupo de islas que muy pocos conocían y que muchos decían que eran playas paradisíacas. Recuerdo buscarlas en los mapas satelitales y mirarlas de arriba, tratando de creer que eso existía y no era imposible de llegar. Sin embargo hasta ese momento era solo parte de la imaginación.

 Muchas veces soñé (como muchos otros debe haberlo hecho también) con ir a una isla pequeña, en medio del océano, rodeada de palmeras, playas de arena blanca, agua tibia y transparente, corales y peces de colores imaginarios, sol candente, aire caliente. Con un coco en mi mano, mirando el horizonte y disfrutando cada segundo de ese momento.

Así fue que alguien nombró alguna vez “Beachcomber Island” y quedó en mi memoria.

Cuando llegamos a Fiji, nos quedaban 2 días libres en nuestro pequeño itinerario de una semana. Le comentamos a la persona que nos recibió en el aeropuerto sobre esto y nos recomendó visitar alguna isla entre Mana y Viti Levu; ahí volví a escuchar el nombre:  “Beachcomber Island”.  Sin pensarlo, aceptamos la propuesta, sacamos dos tickets en bote de la empresa “Ratu Kini” (25USD ida c/u) (bote del hostel donde paramos en Mana) para ir desde Mana Island a Beachcomber Island.

Beachcomber Island, es una de las islas que forman el “Mamanucas group” y es conocida por ser visitada por “Party-animals” (fiesteros), como nosotros (¿?). Es la típica isla circular de unas 2 hectáreas rodeada de arena espectacularmente blanca, aguas totalmente transparentes y con un gran hotel tropical en el medio. La única alternativa para dormir este lugar es alojándose en el Resort dueño de la isla. La alternativa más económica en este lugar (y el que nosotros contratamos) es de 72USD por noche por persona, en un Dormi compartido con 3 comidas incluidas. Para quienes no saben que es un “dormi”, se trata de una habitación muy grande con muchas cuchetas (84 camas en este caso) con lockers y baños compartidos. No había mucha gente. Las comidas son del tipo buffet, abundantes y muy variadas. El lugar cuenta con un Bar abierto casi toda la noche, un centro de buceo y actividades gratuitas para hacer durante todo el día.


Llegamos a la isla a la 1 del mediodía, después de haber hecho nuestro último buceo y con muchas ganas de sentarnos a comer. Nos recibió un señor con un vestido de lianas de coco, guitarra y con una sonrisa enorme, quien agarró nuestras mochilas y nos acompañó a la recepción. Mientras hacíamos el check in nos convidaron bebida bien fresca y enseguida nos llevaron a nuestro “Bure” compartido (casa de madera) en donde hombres y mujeres dormían en sectores separados. Esta casa con ventanas totalmente abiertas solo cubiertas con mosquiteros, muy fresco y ventiladores de techo fue una de mis mejores experiencias durmiendo en habitaciones compartidas.

Corrimos a almorzar antes que termine el horario y nos encontramos con la sorpresa de que el menú era buffet libre así que agarramos un plato bien grande y a disfrutar! Sin embargo, todavía no podíamos entender que hacíamos en ese lugar paradisíaco.

 

Elegimos una palmera, agarramos nuestras mascaras de snorkel y nos tiramos a disfrutar del sueño cumplido. Luego de media hora de disfrute, el sol ardiente y el reflejo de la arena empezó a cocinar nuestros cerebros, así que con mascaras en mano nos metimos al mar. En principio, parecía no haber nada para ver, solo arena blanca y pedazos de coral, pero cuando uno empieza a nadar mar adentro, todo se transforma. Peces de muchos colores, corales de muchas formas y hasta tiburones rondan en la isla. Parece que nadie quiere quedarse afuera.

Entre una cosa y otra, llega un bote con más gente a la isla y alguien de aspecto familiar se baja saludando con la mano a todos. Mmm dijimos con Lau, que parecido a un Argentino…

Por la noche, nos sentamos en el bar a tomar unos tragos y esperar la cena (Precio de los tragos: porrón de cerveza 4USD, tragos varios 8USD) y fue cuando volvimos a ver a este chico de aspecto familiar y comentamos entre nosotros… ¿será Argentino?. En medio de la cena, lo vemos pasar y mientras la banda tocaba “Knocking the heaven doors”, él con el dedito, señalaba a la banda y los miraba como diciendo “Esa canción queríamos escuchar!”. La duda se hacía cada vez mas obvia. Así fue que entre idas y vueltas del buffet, cruzamos miradas y nos preguntamos mutuamente ¿Argentina?… SI!!! Después de tanto tiempo sin ver a alguien de nuestra tierra, nos cruzamos con uno de los nuestros en medio de una isla de 2 hectáreas. Es muy gratificante ver como nosotros, embajadores de nuestro país en el extranjero, nos identificamos entre nosotros solo con la mirada. La ropa, las actitudes, las miradas, el acento y en algunos casos la simpatía de algunos nos hacen únicos en cualquier parte del mundo. Entonces, con muchas ganas de compartir unas cervezas y charlar sobre viajes, experiencias y otras cosas, nos sentamos con Patricio a charlar hasta la 1 am.

 

Patricio, abogado y jugador de Rugby, proveniente de la ciudad de Rosario, nos contó un poco de su viaje y experiencias por Hawaii, Japón, China, Sudeste Asiático, Nueva Zelanda, Australia y ahora, Fiji. En muy pocos días estaba retornando a Argentina, para encontrarse, después de 5 meses con toda su familia y amigos. 4 días antes de encontrarnos, Patricio estuvo viviendo en la aldea de la isla de Nacula, alojándose en la casa de una familia local. Nos contó todas sus vivencias allí entre ellas su experiencia con la “kava” (bebida nacional), con luces de celulares que aparecían por las noches, camisa de regalo que no se podía usar y la forma de vivir de los aldeanos. Una experiencia que vale otra nota!

Al otro día por la mañana, nos esperaba el mega desayuno y después el hotel nos invitaba a hacer snorkelling en una barrera de arrecifes cercana a la isla y alimentar a los peces. No había mucho mas por hacer, así que nos subimos al tour. El arrecife, como todos los de Fiji, multicolor, muy habitado y con muchas especies de corales. Muy recomendado para el que vaya.

Fuera de eso, no había otras actividades que nos llamara la atención para realizar, sin embargo la experiencia de poder estar en medio del océano rodeado de agua azul y arenas blancas, era suficiente. No nos cansábamos de mirar el paisaje y repetir una y otra vez: “Increíble el color del agua”, “Esto es un paraíso”, “Es un sueño!”.

Lamentablemente, estaba llegando la hora de la vuelta a Nadi (17hrs – Ferry AWESOME  Bechcomber-Nadi 57USD p/persona) y, como para despedirme, decidí meterme al agua una vez mas para refrescarme y revisar que había en la zona por debajo. Mientras rodeaba una piedra llena de corales y perseguía a un pececito de colores muy llamativos, veo que a 2 metros por debajo y a unos 3 metros de distancia, se acerca muy campante un tiburón de aleta blanca (White Tip) que medía cerca de metro y medio y venía en mi dirección. Saqué mi cabeza afuera y grité “LAURA!!!!! Haciéndole señas de que había un tiburón. En realidad, ahora que lo pienso, nosé que esperaba haciendo eso, como si me ella me fuera a salvar mirándome desde debajo de la palmera como cual morsa en su hábitat natural. Me quedé siguiéndolo  con la mirada, mientras pasaba por el costado mirándome y como despidiéndome. Salí del agua muy excitado (por no decir otra cosa) y para asegurarme que no había sido una alucinación causada por la cerveza y el buffet, volví a sumergirme y lo ví de nuevo, esta vez un poco mas lejos, merodeando la zona con la delicadeza de cada movimiento para desplazarse, su tamaño, sus ojos amarillos y su presencia. Es algo que no voy a olvidar, como un amor a primera vista. Para evitar contacto, con los chicos decidimos pasar el tiempo que restaba en las orillas de la isla, sin nadar mar adentro, solo por si acaso.

Llegó nuestro barco. Saludamos a Patricio con un abrazo bien Argentino y regresamos a Nadi. Al bajarnos del barco, subimos directamente a un micro con aire acondicionado y vidrios polarizados (no vaya a ser cosa que el turista vea la pobreza del lugar…) el cual esta incluido dentro del precio del pasaje del barco. El micro nos trasladó hasta el hostel donde habíamos reservado la noche: “Bamboo hostel” (habitación compartida 9USD – Cena 9USD – Desayuno 1USD), a unos 15 minutos del aeropuerto y media hora del puerto Denarau. Es un hostel básico, pero la gente que trabaja en el lugar le da su toque particular. Allí pasamos una noche bastante entretenida mirando como los chicos que trabajaban en el hostel hacían piruetas con antorchas de fuego, otro grupo de personas locales junto con uno de Irlanda tomaba “Kava” y tocaba la guitarra mientras otro grupo de indios compartían unas pastillas que según ellos era buena para la cabeza y la panza. Por las dudas no las probé.

Nadi danza del fuego

Al otro día, un taxi (6USD el viaje) pasó a buscarnos por el hostel y nos llevó directamente al aeropuerto, donde nos subimos al avión que nos mostraría desde arriba y por última vez (en esta ocasión) el mar turquesa y las islas blancas esparcidas en el océano.

Era hora de volver de donde veníamos. Si bien ese día fue mi cumpleaños, en realidad, ya lo había festejado durante toda la semana. Las vacas y Jon nos estaban esperando para empezar nuevamente con la rutina al otro día a las 4 am, sin embargo, volvimos con nuestra mirada puesta en nuestro próximo destino: Asia.

2 Responses to Beachcomber – Islas Fiyi

  1. Nico 27/05/2013 at 7:33 pm #

    Que buena nota , y como dicen , INCREIBLE , parece un PARAISO la isla . Ahora mismo voy a buscar mas datos de la misma para conocer un poco mas.
    Y por otro lado , es increible como los Argentinos nos reconocemos por el mundo . Es algo que no podemos explicar pero ya al vernos sabemos que somos Argentos.

    saludos chicos

    • Klando 30/05/2013 at 1:34 pm #

      Gracias Nico!!. Estas islas son en en esas que te queres caer de un avión y que no te encuentren nunca!. Igual hay mejores para eso. Este lugar tiene fama de ser una isla de fiesta, pero la verdad que no vimos muuucha fiesta, mas que música muy alta todo el tiempo, una barra donde venden alcohol y mucha comida. No es justamente una isla para descansar y estar en silencio. Përo en Fiji siempre hay un buen lugar para eso, hay muchas islas para elegir.
      Te mandamos un beso!!
      Lau y Alvaro

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